La búsqueda del físico Enzo Tagliazucchi: «De la ayahuasca al LSD, la sociedad occidental no sabe qué hacer con la psicodelia»

La búsqueda del físico Enzo Tagliazucchi: «De la ayahuasca al LSD, la sociedad occidental no sabe qué hacer con la psicodelia»

Texto: Nicolás de la Barrera / Fotos: Mariano Campetella

 

Enzo Tagliazucchi -camisa violeta, jeans negros, casi dos metros de altura- aclara que no puede mostrar ahora el tatuaje del hongo psicodélico que tiene en su bíceps derecho porque, de esa forma, prácticamente debería quedarse “en bolas” en medio del Laboratorio de Conciencia, Cultura y Complejidad del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (UBA).

Tagliazucchi tiene, en su foto de WhatsApp, la imagen que se obtiene a través de un caleidoscopio. Y en su lugar de trabajo hay algún póster con imágenes hipnóticas y otro de un estudio científico impreso en gran tamaño en donde se describe la hipótesis, el método y las conclusiones de un estudio con psilocibina.

Si bien se formó como físico, el estudio del cerebro y los efectos de algunas sustancias psicodélicas en este órgano hoy ocupan el tiempo de investigación de Tagliazucchi.

Prohibidas hace 50 años, primero en Estados Unidos y luego en el mundo entero, algunas drogas como el LSD, la mescalina y la psilocibina hoy renuevan el interés científico. Por un lado, porque permiten profundizar -a través de estudios de neuroimagen- en las conexiones cerebrales y los distintos estados de conciencia. Pero además, porque también abren una ventana a posibles nuevos tratamientos de distintas enfermedades o trastornos.

Un paso por el Taller Argentino de Neurociencias y una experiencia con Amarita muscaria, el hongo que tiene tatuado en su brazo, son, de alguna forma, los catalizadores del salto de Enzo Tagliazucchi desde las teorías de la física moderna hasta las preguntas que rodean al cerebro y su funcionamiento bajo el efecto de los psicodélicos.

“Fue una experiencia que tuve en 2010, cuando consumí Amarita muscaria -cuenta-. En esa época era totalmente legal, lo pedías por correo, te llegaba el hongo seco a tu casa, calculabas la dosis que querías y lo consumías con ciertos recaudos. Yo no tenía mucha idea de lo que iba a pasar, pensaba que era una especie de cucumelo, de psicodélico, pero no tenía nada que ver. El Amarita muscaria lo que tiene es muscimol, una molécula que es un disociativo, y otras cosas, pero la sensación que sentí era de disociación y mucha euforia. Después entendí por qué hay leyendas asociadas a este hongo, que lo consumían los guerreros nórdicos antes de ir a la batalla”.

«Hay cosas super útiles que vienen de plantas, o de sus análogos, que por el paradigma prohibicionista están en la categoría «del demonio»»

-Cuando hablamos de un efecto psicodélico, ¿a qué nos referimos?
-Distorsiones visuales, la aparición de patrones geométricos, los cambios en la percepción del tiempo, también los cambios en el humor… Podés tener euforia, podés tener disforia, podés tener momentos de ansiedad que se resuelven en el 99,9 por ciento de los casos cuando termina la experiencia; cambios en el sentido del yo, en el ego, podés sentir lo que llamamos una disolución del ego, como una especie de identidad que ya no está más centrada en vos sino que se expande a lo que está alrededor tuyo. Y también, por supuesto, mucha introspección y mucha conexión de ideas. Si querés, es como salir del estado usual de conciencia y desinhibir un montón de cosas y verlo desde afuera, desde otra perspectiva que quizá es ajena al usuario y que quizá ahí reside el beneficio terapéutico de esas sustancias.

-Por lo general hay dos posturas en torno a las drogas. ¿Con cuál habría que quedarse?
-Están las dos caras de una molécula o de una droga: la parte terapéutica y, después, que también una droga puede ser de abuso o recreacional. ¿Qué hospital del mundo funciona sin morfina? Ninguno, pero la morfina es una sustancia que viene del opio, y es una de las sustancias más combatidas porque de ahí viene la heroína. Entonces te das cuenta que hay cosas super útiles que vienen de plantas, o de sus análogos, que por el paradigma prohibicionista están en la categoría, si querés, del demonio.

-¿Y qué obstáculo encuentran los psicodélicos para entrar en la clínica médica?
-En primer lugar, con los psicodélicos ves que hay algo completamente diferente en la manera en la cual hoy por hoy tratamos la depresión, que es esencialmente con dosis diarias de medicamentos que tratan de equilibrar la parte química del cerebro para estar en un estado constante de bienestar, combinarlo con terapia y de alguna forma salir. La diferencia es una única dosis, una única experiencia intensa en contra de tomar fluoxetina todos los días. La idea hoy por hoy del paradigma farmacéutico es tratar de generar medicamentos que apunten a resolver un problema determinado con la menor cantidad de efectos secundarios posibles. Para eso se hacen ensayos clínicos en los cuales se evalúan efectos secundarios y un concepto clave es la idea del placebo. La idea es que en un ensayo clínico algunas personas reciben la droga y otras reciben el placebo, que no es activo. Pero lo que sucede con los psicodélicos es que ese tipo de experimentos es muy difícil de realizar. ¿Te imaginás un experimento utilizando psilocibina o LSD que quiera ser controlado con un placebo? No se podría hacer, no se me ocurre a mí, al menos, porque recibís la sustancia y de golpe empezás a ver cambios visuales, pero la persona que recibió el placebo al rato sabe que lo recibió porque no le está pasando nada. El concepto ese de hacer un estudio con placebo es muy difícil o imposible. Es más, todos esos efectos psicodélicos quizá sean justamente el catalizador del efecto terapéutico de la droga, y entonces ya no queda claro de repente qué es el efecto secundario y cuál el terapéutico: es el estado de conciencia en el que te ponen esas drogas el que posiblemente sea el responsable del efecto terapéutico. No es ese el ideal de la droga limpia que te cura la depresión y nada más, es otra cosa completamente diferente.

-¿El uso de los psicodélicos con fines terapéuticos puede entrar en un callejón sin salida?
-Con la psilocibina, el LSD o cualquier psicodélico tenés un choque en el cual veo muy difícil que encajen dentro del paradigma farmacéutico tradicional. O sea, no lo veo posible de la misma manera que si hoy estás deprimido vas a un psiquiatra, te receta Prozac, vas a la farmacia y tomás una pastilla todos los días. Eso, con psicodélicos no lo veo. Lo que sí puede ser es que de alguna manera se entienda que el paradigma no sirve, que es un paradigma diferente, más afín al que se utilizaba por los nativos que consumían psicodélicos antes de que nosotros llegásemos a América. Es la idea de que una persona esté en un determinado lugar con la guía de una persona. Ahí te empezás a acercar a ideas como la del chamán -que no es un chamán, es un psicoterapeuta-, y de golpe te das cuenta que terminamos convergiendo un poco sin quererlo en la manera en que se usaban estas cosas antes. Intentamos que entren en el paradigma de las farmacéuticas tradicional y no van a entrar. Es como intentar meter una llave en una cerradura que no entra. En ese sentido sí lo veo funcionando quizás con tu terapeuta, en una situación controlada, para gente con depresión, con ansiedad, con crisis existenciales o de abusos de sustancias. Aunque es difícil evaluar la efectividad de eso, de nuevo, porque no tenés un placebo. Yo no soy new age ni nada parecido pero creo que tenemos algunas cosas que aprender de cómo las personas nativas de América las usaban antes de que nosotros lleguemos. Si ves la historia de los psicodélicos en occidente te das cuenta que nunca supimos cómo usarlos.

-Hablemos de los efectos adversos de esta clase de drogas, que supongo deben existir.
-Desde la aspirina, la heroína y el clonazepam, no hay ninguna droga que no tenga posibles efectos adversos, en lo físico o en lo contextual. El alcohol te puede cagar la vida por cirrosis hepática pero también porque manejás borracho y chocás. Toda droga tiene riesgos y si alguien dice que no, es mentira. Lo que sí hay son escalas que miden ese tipo de riesgos, que son consensos de muchos psiquiatras, médicos, neurólogos y demás, que miden el riesgo que una droga genera para uno mismo, para terceros, y qué potencial de dependencia tienen. (Enzo abre su notebook, busca un archivo, y muestra un gráfico). Obviamente, sustancias como la heroína tienen un potencial para la dependencia altísimo, y te podés morir de sobredosis relativamente fácil. La cocaína está un poco más abajo y después te das cuenta que tenés no mucho más abajo al alcohol, el tabaco, el clonazepam, todas cosas que están bien vistas acá, y que en realidad el riesgo físico y potencial para la dependencia para el LSD, MDMA y demás está más abajo. Entonces cuando hablamos de riesgos físicos y a terceros y demás, todas estas sustancias que mencioné en general tienen riesgos comparables o muchísimo menores que otras drogas que consumimos recreativamente, como el alcohol, que es una droga que si sumás daños a terceros y a uno mismo está arriba de la heroína en las escalas. Los riesgos de los psicodélicos son bajos. Creo que hay mucho mito alrededor del mal viaje y mucho pasa por el gran mito de que el LSD y otros psicodélicos afines pueden dejarte en un estado de psicosis permanente, que en realidad no es cierto, eso no ocurre.

«Los efectos psicodélicos quizá sean justamente el catalizador del efecto terapéutico de la droga, y entonces ya no queda claro qué es el efecto secundario y cuál el terapéutico: es el estado de conciencia en el que te ponen esas drogas el que posiblemente sea el responsable del efecto terapéutico»

-¿No pasa que por el beneficio que traen los psicodélicos de unos minutos o unas horas se busque volver a consumirlos?
-Una vez que uno es adulto la personalidad no suele cambiar. Suele ser más o menos estable, y no hay mucho más que hacer. Está documentado que los psicodélicos pueden cambiar ciertos rasgos de la personalidad, uno es lo que se llama apertura, a nuevas experiencias, a nuevos conceptos. Y la idea de los psicodélicos no es tanto su uso crónico sino lo que generan en una experiencia única. En mi caso -y por la gente que conozco- no es una relación de uso crónico, sino que tienden a ser eventos aislados en los cuales hay un propósito, se planea y se hace si querés una especie de búsqueda.

-La palabra búsqueda está cargada de espiritualismo.
-Pero en mi caso no, en mi caso la búsqueda es simplemente autoconocimiento, de mi propio cerebro desde un punto de vista escéptico en cuanto a la existencia de cosas más allá de la física.

-Esta forma de consumo o experimentación con estas drogas es bastante poco habitual teniendo en cuenta que hoy los psicodélicos se suelen consumir en cumpleaños, en eventos de música electrónica e incluso en la cancha.
-En primer lugar, la palabra psicodélico aplica a cualquier cosa que sea un agonista del receptor 2A de serotonina, y eso va desde el LSD hasta un montón de drogas “de diseño” que tienen un montón de efectos no deseados. El LSD es uno de los agonistas más potentes del receptor 2A de serotonina, es activo en dosis muy bajas, da una experiencia psicodélica muy pura, pero lo que suele encontrarse en los blotters en la calle no es eso, no es LSD, eso hay que aclararlo.

-¿Y qué es?
-Suele ser 25I, 25I-NBOMe o a veces DOM, otras drogas que no pertenecen a la misma familia química del LSD. El LSD es lo que se llama una ergolina, o si nos ponemos delicados, una indolalquilamina, pero…

-¿Es muy difícil que alguien adquiera LSD?
-Es difícil, pero porque la producción es cara, por los precursores. La manera más sencilla es a partir del ácido lisérgico y necesitas básicamente ergot, el hongo que crece en el centeno. Además, el LSD es una molécula muy frágil, por pertenecer a esta clase de moléculas, las argolinas. Entonces si no se toman recaudos, la luz solar lo puede desnaturalizar, lo puede romper. Por otra parte, hay otra clase de moléculas, las fenetilaminas, por ejemplo la mescalina, que es la sustancia psicoactiva del peyote o del San Pedro, que son sustancias muy resistentes y que además son mucho más fáciles de sintetizar, pero si quisieras hacer un blotter impregnado en mescalina no podrías, porque la dosis psicoactiva es del orden de los 100 miligramos, que es demasiado alta para que alcance impregnando un papel. Pero a lo largo de las décadas se desarrollaron análogos de la mescalina que «pegan» en dosis tan bajas que podés impregnar un blotter con eso. Uno es el DMO, otro el 25I, entonces ahí sumás más resistencia, una producción más sencilla y a menores costos. Esencialmente, el mercado está inundado de sustancias psicodélicas con un montón de efectos adversos, con un perfil de seguridad mucho más complicado que el del LSD. O sea, podés morir de sobredosis de DOM o de 25I. Con el LSD es bastante difícil porque la dosis letal no se conoce. Entonces cuando la gente consume en fiestas electrónicas o en la cancha lo más probable es que en el 99 por ciento de los casos sea una de estas fenetilaminas, que no son LSD. En muchos casos, creo, el uso está un poco confundido. Occidente nunca supo bien qué hacer a nivel colectivo con los psicodélicos.

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